jueves

BUSCANDO FORTUNA




Eshnil, el ángel y yo nos dirigimos a la ciudad portuaria sin yo saber muy bien lo que ocurriría a partir de entonces. Todo ocurrió muy rápido. Eshnil no me acompañó hasta el barco.
Esta despedida era demasiado dolorosa para ambos, así que antes de entrar a la ciudad, nos abrazamos, nos miramos sin decirnos nada y lo vi marcharse, perdiéndose entre los árboles, camino a casa.



Mi ángel me acompañó hasta donde el práctico del puerto gestionaba las idas y venidas de los barcos. Pronto nos indicó uno que podría llevarme de pasajera y que viajaría hasta el otro lado del continente. Sería un viaje largo, dijo el ángel, pero me perderían la pista.



- Cuídate joven Niyarah. Muchas y grandes cosas te aguardan. Sé prudente y fuerte. Sobrevive y tal vez un día, vuelvas a casa.



Con éstas palabras resonando en mis oídos y forzando la sonrisa, subí al barco donde una tripulación de lobos de mar me aguardaba para partir. El precio del pasaje incluía un montón de paja sobre el que dormir en la bodega y un plato de comida (o dos con mucha suerte) al día. Así que, tan pronto subí al barco y me volví para despedirme de mi ángel, comprobé apesadumbrada que se había ido y todo el peso de lo que estaba ocurriendo cayó sobre mis hombros. Abandonaba mi tierra, a mi segunda familia, a mi hermano, mi pasado... todo cuanto conocía, para ir a un lugar desconocido a buscarme la vida...



Pocas cosas podría contar de aquel viaje, puesto que procuré pasar todo el tiempo posible en la bodega estudiando magia para evitar que la tripulación se fijara demasiado en mi. Los hombres de mar tardan mucho tiempo en ver a sus mujeres y tener una jovencita en el barco resultaría demasiado tentador.

Fueron las dos semanas más largas de mi vida, pero pasaron al fin y una mañana cualquiera anunciaron a voz en grito que llegábamos a nuestro destino. Salí corriendo de la bodega con todas mis cosas al hombro y me situé en la proa del barco para saborear cada detalle.

Esa breve espera se me hizo eterna pero al final llegamos a un puerto bullicioso, lleno de vida. Desde el barco pude ver parte de la ciudad, también bulliciosa y grande. Esto me gustó, pues en una ciudad grande sería más fácil encontrar trabajo.

Poco a poco fuimos bajando del barco. Me despedí brevemente del capitán y le di las gracias antes de poner, por fin, los pies en tierra firme. El puerto era enorme. Supuse que era un puerto mercante ya que las carretas no paraban de circular con las más diversas mercancías. Los toneles se apilaban en enormes tablones de madera que los subirían a los barcos mediante poleas...

Y, curiosamente, el destino quiso que mi primer trabajo lo encontrase precisamente en aquel puerto...

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Hola a todos, me llamo Laura y este blog es un intento de despejar mi mente y darle una perspectiva a esta guerrera llamada Niyarah. Niy...